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Eth Haro de Les

ethharoEn el pueblo aranés de Les, próximo a la frontera con Francia, tiene lugar una de las tradiciones más arraigadas y populares de todo el Valle: "la crema d'Eth Haro" ("la quema de Eth Haro"). Esta anciana costumbre implica la participación de todos los habitantes (unos 640) y foráneos bien dispuestos, que se ven inmersos en diferentes actividades para preparar este rito festivo cuya máxima culminación llegará en la verbena de San Juan.

El día de San Pedro (29 de junio) los vecinos ya han bajado del bosque un abeto (el futuro "Haro") de unos 10 metros de altura, que posteriormente desnudarán de corteza y ramas. Una vez limpio, clavan a lo largo del tronco unas cuñas de madera en disposición circular (la "shasclada") para que se seque y, llegado el momento, arda mejor. Después lo levantan entre todos con la ayuda de cuerdas -tarea harto costosa- y lo plantan ("quilhar") en el centro de la plaza d'Eth Haro, frente a la Iglesia, de manera que la parte que antes se correspondía con las raíces quede arriba y lo que era la copa en la parte baja, introducida en el suelo. "Eth Haro" será entonces coronado con flores y una cruz por las parejas de la localidad que más recientemente han contraído matrimonio. Allí permanecerá el abeto pelado y engalanado durante todo el año, siendo testigo mudo de los devenires cotidianos y extraordinarios de la población, hasta que...
La noche de San Juan (23 de junio) del año siguiente llega la gran fiesta ("hèsta"). Tras bendecir el tronco, se le prende fuego, acompañando la velada con danzas ("Es Aubades", "Eth Tricotèr", "Eth Cadrilh", "Eth Balh Plan"...) y cantos antiguos, además de con el típico vino "cau" (vino tinto con ron, azúcar y frutas), que se calienta en calderos de cobre sobre tres hogueras conocidas como "trepies". En esta espectacular noche de llamas y diversión tampoco puede faltar la encendida de las "halhes" (trozos de corteza de cerezo y abedul ensartadas en un alambre), que los más jóvenes hacen girar por encima de sus cabezas.
Un nuevo abeto ya espera su turno para ser plantado al cabo de pocos días, y dentro de un año arder también.

Esta costumbre atávica tiene raíces paganas aunque más tarde se cristianizó. La simbología del fuego y las cenizas está ligada a la idea de purificación y a otras supersticiones como alejar a los malos espíritus (enfermedades, plagas, calamidades...) de la población. Por eso, los vecinos solían saltar sobre las brasas y colocar en sus casas o establos ("bordes") un trozo de la madera quemada de "Eth Haro" como "protección". También esparcían las cenizas resultantes por sus tierras de cultivo.

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Ésta es una de las fotografías que tomé de "Eth Haro" de Les este agosto durante mi estancia en el Valle de Arán.