Aigüestortes: explosión de vida
(*) Estos últimos días, durante mi estancia en El Valle de Arán (“Era Val d’Aran” en aranés), tuve la oportunidad de visitar, a lo largo de una jornada a pie, uno de los parajes naturales más cautivadores por su espectacular belleza y anciana serenidad. Un lugar donde todos los verdes estallan bajo un cielo de un azul rabioso, y el agua, siempre presente, ha dado, y da forma y vida, a todos los seres vivos: árboles, plantas, animales y montañas.
Hay paisajes que curan sin esfuerzo.
Hay paisajes donde el latido de la Tierra es tan nítido que abruma.
Hay paisajes donde el hombre no puede sino sentirse insignificante e intruso.

Aigüestortes (**) i Estany de Sant Maurici, situado en plena cordillera de los Pirineos, es el único Parque Nacional de todo el territorio catalán. Su extensión, de 40.852 hectáreas, se encuentra repartida entre cuatro comarcas de alta montaña: el Pallars Sobirà, l'Alta Ribagorça, el Pallars Jussà y la Vall d'Aran.
Formado por dos grandes valles opuestos por su cabecera, uno orientado al este y otro hacia el oeste, la cima más elevada del Parque es el pico del Comaloforno (3.033 metros), siendo el más conocido y simbólico el macizo de Els Encantats ("Los Encantados"). Por eso, aunque el clima dominante es el atlántico, existen diversos microclimas (más oceánicos o más mediterráneos) dependiendo de la altitud y orientación.
Los glaciares del Cuaternario sobre la pizarra y el granito fueron los encargados de esculpir este paisaje tan característico, dejando constancia de su paso a través de los abundantes valles (en forma de U, colgados o escalonados), circos y barrancos.
Con 200 estanques y una gran cantidad de riachuelos, canales, cascadas y torrentes, el agua cristalina y los verdes de los bosques de coníferas y de los prados son los protagonistas.
La extraordinaria riqueza natural de este idílico lugar se completa con una serie de especies animales, también propias de estas regiones, como son el rebeco, el águila real, el buitre, el jabalí, el zorro, el urogallo, la trucha, el tritón, la nutria o la ardilla.
Un conjunto, pues, de lo más armonioso, y singular por su composición y situación.
Sin duda, la Naturaleza, con el transcurso de los siglos, ha sido generosa con este entorno privilegiado, protegido legalmente desde 1955. Y privilegiado es el hombre que puede y sabe disfrutar de regalos como éste con respeto. Destruirlos no es ser inconsciente o desagradecido; es morir un poco más cada día.

(*) Texto publicado originalmente en mi weblog "La fiebre de la tinta", donde también podréis encontrar algunas de las fotografías que tomé.
(**) "Aigüestortes" significa literalmente "Aguastorcidas". El nombre proviene de la división de los ríos en numerosos meandros conocidos como "aigüestortes".