el capítulo 68 de la ya clásica Rayuela, de Julio Cortázar, se ha hecho especialmente célebre por la forma en que está escrito. comienza así: 'apenas él le amalaba el noema, a ella se la agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonio, en sustalos exasperantes. cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo paso a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariconcia.' [ leer completo ]. en relación con esto, en esta otra página nos hablan de los 'lenguajes musicales: glíglicos y jitanjáforas'.